viernes, 28 de mayo de 2010

LAS CAJITAS SORPRESA

En honor a mis amigos: Julio César Stakoni y Miguel Colina

La abuela María, tenía la costumbre de hacer cajitas sorpresas para sus nietos como regalo de noche buena.

Confeccionaba las mismas con cajitas forradas de papel satén y con cintas brillantes y coloridas que ataba con un gran moño.

El nombre de “cajitas sorpresas” encajaba perfectamente con lo que ella hacía ya que a pesar de que todos sabíamos  que era lo que había en su interior, nadie sabía a quien le tocaría la mejor.

En la tarde de la víspera ella se encerraba en la cocina y se dedicaba a la confección de los tan esperados tesoros.

Yo, que en ese momento contaría aproximadamente con cuatro años gustaba espiarla a través de un pequeñito agujerito que tenía la puerta.

Desfilaba ante mis ojos los más deliciosos dulces y chocolates que podía imaginar, confites de colores y los más exquisitos bombones forrados con papel dorado.

Paso a paso veía como la abuela María colocaba en las cajitas los exquisitos tesoros, forrándolos luego y atando los luminosos moños.

La abuela María es un afán de ser justa iba poniendo en cada caja un poco de cada cosa, pero había algo que me desconcertaba y era el hecho de que, iba dejando los mejores dulces para las últimas.

Las últimas cajitas eran confeccionadas con los restos del papel y cintas. Las hacía como reserva, para los inesperados visitantes que llegaban a último momento (niños de los vecinos,  de los amigos, etc.) que conociendo la dulzura de las cajitas sorpresa llegaban a última hora.

Las cajas eran puestas todas juntas encima de una mesa cuando se acercaba medianoche. Al sonar las doce campanadas, los niños nos precipitábamos hacia la mesa para elegir la cajita más hermosa, la más brillante.

Por ser la más pequeña, a mi siempre me tocaba la que tenía menos brillo, menos color, pero eso menos de molestarme me alegraba, porque sabía que tenía el mejor de los contenidos.

Así fue, que desde muy pequeña comprendí que las mejores cosas se encuentran en las cajitas imperfectas, porque como hacía la abuela María hace Dios con las personas.

Colocar en cajitas simples e imperfectas las mejores cualidades, los mejores sentimientos y una gran capacidad de amor para compensar la imperfección exterior con las más grandes de las virtudes.

Escritores Unidos – Grupo Carolino Arte – 1993 – Tomo 1 - Miriam Blanco

 


Publicado por sosa608 @ 19:21  | San Carlos Cultural
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Publicado por Invitado
miércoles, 16 de mayo de 2012 | 20:29

He ojeado fugazmente la misma y me llevo grata impresión. Hay gente de nuestra ciudad que escribe bien, sin embargo, no se le da importancia. Adelante con este espacio que hace mucho por nuestra ciudad:  http://www.pabloalfonso.mex.tl/