Conocí a la ciudad de San Carlos por Roberto Sosa
Recuerdo una vez, hace muchos años, cuando yo tenía apenas 9 o 10, estaba en el aeropuerto de Carrasco, la selección Uruguaya había salido Campeón de América y gran parte de la familia, casi todos, habíamos llegado a esperar los jugadores que arribaban como verdaderos héroes. Entre ellos venia por supuesto uno que era de la familia, un ser emblemático, que resaltaba por su educación, su humor, y enorme grandeza. Estuvimos parados contra el vidrio de arribos muchas horas, rodeábamos a mi madre que estaba embarazada y teníamos miedo que la apretaran con su panza, pero nadie aflojó, firmes como bulón de puente, nos mantuvimos hasta la llegada de aquellos muchachos que nos habían dado otra hazaña, de la que estábamos acostumbrados los uruguayos. Al final de tanto jolgorio, cantar y saltar, los vimos pasar con sus bolsos. Fue emocionante, sobre todo porque entre ellos venia ese gran tipo, un gigante en el arco y lo digo como hincha fanático del carbonero, que lo tuvimos que soportar 14 años en el arco contrario. Su sonrisa era inconfundible y su simpatía invadía todos los lugares que pisaba. La verdad y sin ofender a nadie, porque hoy hay chicos que si le preguntan dónde queda Madrid no saben, yo supe donde quedaba San Carlos, porque Roberto Sosa había nacido ahí. Como todo ser humano, con defectos y virtudes. Se juntaba en las fiestas con mi viejo y la joda estaba asegurada, no parábamos de reírnos. Siempre estaba dispuesto a seguir los versos o los cantos que le tiraba mi padre y él se enganchaba con una facilidad increíble, como si se hubieran criado juntos. A la hora de lanzar los cohetes todos los chicos salíamos detrás de Roberto, que como uno más de nosotros, pero cuidándonos del peligro, disfrutaba con la pirotecnia .Tal vez sea una existencia no remunerable, en un mundo donde se gasta miles en cosas intrascendentes, pero desde la Argentina me animo a decir con orgullo que San Carlos tendría que reconocerlo, ya que el deporte como la cultura en general, salvan hoy a nuestros hijos de la calle, de la droga, que tuvo a un hijo prodigo en Roberto Sosa. Uno de los mejores arqueros que tuvo el Uruguay; un verdadero y valedero ejemplo de hombre y deportista; Dios le dio ese don y él lo cristalizo dando siempre lo mejor de sí, riendo cuando ganaba y angustiándose cuando perdía. Respetando al contrario y siendo solidario con sus compañeros.
Jorge Agoglia
Bs. Aires- Argentina