viernes, 28 de mayo de 2010

Sr. Aníbal Sosa, Revista San Carlos Cultural. La presente es para saludarlos y al mismo tiempo felicitarlos por la revista. Espero que todos podamos colaborar con algún material. Le diré que no soy periodista. Yo escribo por el placer de decir las cosas, nada más. Le envío esta anécdota . Si puede publíquela.  Muchas gracias.

Julián en el Recuerdo

Conocí a Julián desde muy niña. En aquel entonces era joven; de cabellos muy rubios casi dorados, de ojos muy azules.
Él vivía a una cuadra y media de la casa de mi abuelo Antolín. Lo veíamos pasar todas las tardes por nuestra calle Of. 3 entre Rincón y Fajardo. Andaba con una azada al hombro y una caldera negra de lata en la mano. Él se ofrecía para carpir sitios o veredas. Mi abuelo lo llamaba y le preguntaba, - hoy quieres carpir la vereda? Y el respondía - ¡Sí! Por 2 pesos y yerba para el mate… 
Cuando decía que no: - Hoy no! Julián anda loco!. Y se pegaba en la cabeza con ambas manos. Cuando en alguna casa había un perro, él no entraba porque les tenía mucho miedo; decían que Julián quedó loco por culpa de los perros; por que siendo niño, sacó unas naranjas de una quinta y el dueño les echó los animales… Desde ese momento, parece que quedó loco. Mi tía Quica un día le da una torta frita y le dice - Gracias…. Se va arrastrando sus viejas zapatillas negras. Cada vez que pasaba por casa preguntaba: - Hoy no esta la rubia de ojos azules?, y le contestábamos que no; ella vivía un poco más allá pero cuando la veía vestida de enfermera salía disparando. Fueron tantos los años que vi pasar a Julián por mi Barrio que cuando no aparecía lo extrañábamos. El tiempo fue pasando y con ellos los recuerdos. En aquellos años yo daba clase de piano y acordeón de la mañana a la noche. Él pasaba y me decía: - No hay un tango para Julián?, y se reía - Ja, ja ,ja ja!, cuando sentía la música. Siempre le regalaba una  Coca Cola y un refuerzo de mortadela. Eso pasaba casi todos los días cuando lo veía en el almacén de Alegre. Cuando me mudé del barrio, vine para la calle Sarandí y Ejido y no lo volví a ver. Él hacía su recorrido por las “calles de la cuchilla”.  Con los años, lo vi pasar por mi casa. Se para… me mira mucho…. Me reconoce y se ríe y me dice: - Ya no toca más un tango para Julián?... Ese día le compré la dichosa Coca Cola y le volví a tocar el tango. Se fue feliz por el medio de la calle con el termo y el mate en el bolsillo. Me dio las gracias diciendo - Hoy a la cabeza sale el 48 y el 03 a los diez… Esos son los recuerdos que me quedaron de Julián.
A diez años de su muerte expreso esto que escribí con mucho cariño.

Shirley Parada Nuñez


Publicado por sosa608 @ 19:47  | San Carlos Cultural
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