Domingo, 18 de octubre de 2009
Caminaba por la feria de la vida. Iba sonriente con mis bolsillos llenos, hinchados de monedas. Los coloridos puestos dispersaban el sol que caía en prismas brillantes de la tarde agitada. Los comerciantes gritaban sus ofertas a viva voz. Muchos vendían, muchos caminantes compraban.

Comencé con el primero el cual lucía un simple cartel que ponía la siguiente frase: " Salud por 2 monedas". Tentado por la oferta, le dije apresuradamente:

- Deme dos! -

Más allá otro y otro puesto. La felicidad por 1, el amor costaba 3, la sabiduría, la paciencia, el entendimiento, la verdad. Todo en oferta! De todo un poco pedía y compraba! Dos de cada tipo, total me sobraban las monedas y todo estaba regalado. Tan simple era aquello!. Un poco de belleza, otro de buenos modales, mucha sonrisa. Ya no sabía que más comprar!

Por un momento, pensé. Me di cuenta que tenía que tener tiempo para poder usar y disfrutar de tanta mercadería por lo cual decidí hacer una pausa en aquel divino derroche.

Al final, bien al fondo, separado un poco de los escaparates, pude leer un cartelito que desprolijamente ponía, Tiempo en Oferta.

Corrí hasta ahí, deseoso y con prisa de que me atendieran urgente. No había nadie. Solo el mostrador me separaba de aquella mercadería. Decidí esperar. Pasaban los minutos, el ocaso estaba en su fin dejando a la noche su lugar. De a poco los puestos fueron cerrando y desapareciendo de mi vista. La gente se fue disolviendo en la sombra.

Cuando me encontraba ya solo apareció una anciana, bajita y encorvada. De pasitos ágiles y decididos con una vestimenta abrigada y de pocos matices.

- Señora, buenas noches. ¿Seria tan amable de venderme un poco de. ?

-¿Cómo es su nombre?- interrumpió rápidamente y con voz quebrada y fuerte.

- Aníbal, Aníbal Sosa- respondí ya un poco nervioso e impresionado.

Abrió un libro pesado y con muchas hojas. Comenzó a buscar con su índice repasando vaya a saber que. Buscó una y otra vez con mucho esmero y cuidado.

-Aníbal Sosa-

--Si señora! Ese soy yo!-

-Lo lamento muchacho. No tengo tiempo para venderle.-

-Pero señora, pago bien. Lo que Usted diga. Tengo dinero!-

-Señor! Usted no tiene más tiempo en su cuenta. No puedo.-

- No me diga! Pero fíjese que allí todavía queda tiempo embolsado, nuevito. ¿No podrá venderme un poco? Por más que sea de alguna otra persona, que no lo precise!

- Usted no tiene más tiempo! Buenas noches!-

Y se fue!. Se fue el cartel, el puesto, la mercadería y todo. Entonces quedé solo.

Derrotado por la negativa de mi última compra, pero feliz de todo lo que llevaba, comencé a caminar en la oscuridad cargando todo lo que había conseguido. Al llegar al límite de la feria, ya vacía, una leve bruma comenzó a aparecer desde el suelo. Tras la bruma una silueta se formaba. Una figura borrosa y negra tenía ahora delante de mi camino. En el silencio, comenzó a reinar el frío. Las palpitaciones de mi pecho hacían vibrar todo mi cuerpo. Una voz profunda y firme rompió el hielo. Se dirigió a mí exigiéndome el pago de la salida.

-¿Como?, ¿esto no es libre?-

-Si. La entrada es libre, pero la salida tiene un precio, y de cada uno depende el mismo. Debe pagar pues nadie lo obligó a entrar. Ni siquiera fue un invitado. Usted vino con su dinero por si solo y por su propia voluntad.

- Está bien. No vamos a discutir a esta hora. ¿Cuantas monedas debo pagarle?

-La salida no se paga con monedas. Hay reglas en la feria y reglas en la vida. Es lo único en este lugar que con dinero no se puede pagar.

- Bueno, como diga. Si quiere le doy un poco de felicidad. O tal vez desee un poco de belleza, si acepta. ¿Que le parece?

- No, todo lo que lleva es personal e intransferible. Nadie sale con nade de aquí.

-Pero. ,  quién sea!. Yo he pagado por esto y ahora es mío! Quiero disfrutarlo! Dígame como pago para salir y no perdamos mas tiempo.

- Con vida, su vida. Es lo único que aceptamos.

En ese momento sentí caer en un vació profundo. Todo giraba en torbellinos multicolores. Sonidos y silencios huecos cruzaban mi cabeza haciendo vibrar mi cuerpo. De pronto, sobresaltado desperté.

Salté de mi cama y corrí por la casa. Todos dormían. Pasé frente al espejo. Me vi pasar y era yo. Pálido agitado y con miedo, con terror. Ahí estaba, temblando y desprolijo. Con mis ojos enormes y desorbitados. Mi pelo enmarañado y ojeroso. Ahí estaba mi figura. Estaba vivo.

Pensé y pensé. Tal vez como tu piensas al leer esto. Llegue a mi conclusión, tal vez como tu llegas a la tuya en este momento.

No se que fue. Si el sueño o casualidad. Lo que sé es que desde ese día sueño menos y hago más. Desde ese día hablo menos y edifico más con mis palabras. Edifico más con mis manos, con mis acciones, con mis ganas, mi amor, mi todo. Desde ese día doy más y pido menos. Desde ese día,  vivo mas. Desde ese día, muero menos.


Publicado por sosa608 @ 19:35  | Anibal Sosa
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