Domingo, 01 de noviembre de 2009

A raíz de una iniciativa de la senadora frenteamplista Lucía Topolansky, posteriormente adoptada por la totalidad de su sector, el Espacio 609, está lanzada la propuesta de eliminar del actual sistema electoral la exigencia de mayoría absoluta para elegir al presidente de la República, con lo cual quedaría también suprimida la votación en segunda vuelta que eventualmente se hace necesaria para alcanzar aquel requisito. La idea no viene sola, sino acompañada de otra, que tiende a reunir de nuevo la elección departamental con la nacional en el mismo día.
La sola mención de esos temas incita a ampliar y profundizar el debate, pero en primer lugar exige separar cuestiones tan distintas como son el siempre discutido “ballotage” presidencial por un lado, y por el otro la vigencia de condiciones políticas y electorales que aseguren, tanto la libertad del elector en la urna como la debida discusión, en la campaña proselitista, de los asuntos departamentales y municipales con la autonomía y la especialización que cada vez se hacen más necesarias.
La nueva propuesta reformista busca confesadamente ahorrar esfuerzos, concentrar la atención pública y privada en el trabajo, en la producción y en el gobierno, no desperdiciar tiempo en sucesivas campañas electorales, y sobre todo ahorrar a la sociedad parte de los recursos que se destinan al gasto electoral. Ante estos propósitos, algunos sectores políticos han expresado su interés por la iniciativa y otros han opinado que no es éste el momento para discutir una nueva reforma constitucional. No debe olvidarse que en este país las reglas electorales básicas están innecesariamente constitucionalizadas.
Por haber tantas cosas en juego y por ser éste un espacio de análisis reducido, más conviene ir por partes y comenzar en esta edición por discutir ese famoso sistema llamado “ballotage”, que el Uruguay adoptó en 1996 para elegir al presidente de la República.
El “ballotage” fue introducido en Francia a finales de los años 50, cuando el general Charles de Gaulle fue sacado de su retiro para resolver la grave crisis política interna y acabar con la guerra de Argelia. Fue con su presencia de nuevo en el poder que nació la V República, la cual hasta hoy lleva la impronta de aquella enorme personalidad del siglo XX, aunque no por ello debe creerse que la actual forma de gobierno de los franceses sea en verdad “presidencialista”. Pero eso es harina de otro costal.
Al entrar en la década de los 60, el gaullismo quiso cerrar o entorpecer el camino a la izquierda francesa y en particular al Partido Comunista, de obediencia soviética. Entonces se implantó un sistema electoral técnicamente llamado “sistema uninominativo de segunda vuelta”, que exige la mayoría absoluta de los votos válidos para la conquista de una posición electiva. Pero el sistema se aplicó de arriba abajo en todos los niveles de la organización institucional y territorial francesa, desde la Presidencia de la República hasta el último cargo de las administraciones municipales, ya fueran escaños parlamentarios nacionales, organismos regionales, cantonales o locales. Esto debe ser tenido en cuenta en todo momento, porque la regla mayoritaria que se introduce, al mismo tiempo que afecta negativamente a la representación proporcional, asegura una coherencia entre el ejecutivo así elegido y el legislativo con el que deberá gobernar, donde el partido gobernante podrá encontrar el respaldo necesario.


EL TIRO POR LA CULATA

Con el paso del tiempo, ya desaparecido De Gaulle y mudadas las circunstancias políticas, el “ballotage” dejó de servir a los propósitos del gaullismo y de hecho se volvió contra ellos, al producirse la inesperada unión de las izquierdas francesas, y así fue que “la gauche” colocó al socialista François Mitterrand en la Presidencia en 1981, con el apoyo del Partido Comunista. Desde entonces hasta nuestros días el sistema ha sido suprimido y reimplantado según conveniencias políticas del momento, y actualmente se aplica en Francia para frenar el avance de la extrema derecha liderada por el marsellés LePen. Así ocurrió hace un par de años con la reelección del presidente Jacques Chirac, de tradición gaullista, que fue votado por los socialistas y gran parte de la sociedad francesa, la cual reaccionó contra aquel segundo puesto logrado por la ultraderecha y ratificó al Presidente, que ahora “cohabita” con un primer ministro socialista.
En el Uruguay de los años 90, el “establishment” político quiso usar la misma arma para frenar el ascenso electoral del Frente Amplio y en particular de la candidatura presidencial de Tabaré Vázquez. Así fue que se pactó la reforma de 1996, que aplicada por primera vez en 1999, dio por resultado la victoria de Jorge Batlle sobre el candidato frenteamplista. Se postergó cinco años su llegada y con ello se le hizo un doble favor: ni el Frente ni su candidato tuvieron que enfrentar los años de la crisis, y en ese duro quinquenio maduraron políticamente, tanto el señor Vázquez como su fuerza política.
Lo peor de la reforma de 1996 no fue el “ballotage” en sí mismo, sino la forma peligrosa con que se lo implantó. Un presidente elegido por mayoría absoluta, incluso con más de 60 por ciento como suele ocurrir, se puede encontrar ante un parlamento elegido por el sistema proporcional, que le sea adverso. Y allí está la simiente de las tentaciones totalitarias. No fue el caso del presidente Batlle, pero pudo haberlo sido. En 2004, el voto ciudadano otorgó al Frente Amplio la mayoría absoluta, ya en la primera vuelta, tanto para el Ejecutivo como para el Legislativo, conjurando así el peligro de la ruptura institucional. Pero la experiencia ha demostrado la naturaleza antidemocrática e incluso la inutilidad de un sistema electoral que está reñido con las tradiciones uruguayas y que debería ser suprimido pacíficamente.


Publicado por sosa608 @ 20:16  | Pol?tica
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Comentarios
Publicado por Pedro Silveira
Domingo, 10 de enero de 2010 | 7:32
Es un sistema inperfecto, claro est? y deber?a ser modificado. El tema es por que sistema suplantarlo: Por el sistema anterior a la creaci?n del balotage??!! me parece de igual manera imperfecto y peligros, puesto que correriamos el riesgo de tener un
Publicado por Pedro Silveira
Domingo, 10 de enero de 2010 | 7:37
presidente con una minor?a parlamentaria.
Un sistema mas estable, ser?a promover una segunda etapa luego de las elecciones generales, donde los partidos pol?ticos eligieran en consenso al presidente, de la rep?blica, promoviendo as? los acuerdos de
Publicado por Pedro Silveira
Domingo, 10 de enero de 2010 | 7:42
gobernabilidad, mediante una coalici?n parlamentaria-
Esllo le dar?a una mayor estailidad pol?tica al Pa?s, obligando a los partidos al acuerdo de gobernabilidad.-